jueves, 29 de abril de 2010

Lodo

Paseando por Las Alpujarras del este granadino, las mismas de la guerra entre cristianos y moriscos, encuentro los destrozos de las lluvias del invierno; lodazales arrastrando los bancales de cultivo y las acequias de regadío; metáforas elementales de nuestra pregonada idiosincrasia. De aquellos polvos estos lodos: El lodo de los pañuelos en la cabeza de niñas enconadas, el barro de las transiciones imperfectas, el fango de los políticos corruptos, el cieno de los gobernantes inútiles, el limo de los nuevos ricos empobrecidos de repente, el légamo de la tirria (no es una errata) acumulada.


¿Hasta cuándo? Da la impresión de que, más allá de idiosincrasias particulares, todo el planeta se posiciona en dos polos enfrentados: Uno, equivocado, considera que no podemos desviarnos ni un milímetro del camino a la debacle (esperando que los nuevos dioses financieros nos ofrezcan una honrosa salida); el otro, desconcertado, espera que la providencia ejerza su poder y nos saque del atolladero. Entretanto, ninguno da su brazo a torcer (faltaría más, no sea que la fractura nos deje tullidos) y sabe, perfectamente, hacia donde nos dirigimos en realidad (todos hemos visto La Guerra de las Galaxias)…Y no es precisamente a la conquista del espacio, sino a la implosión de la libertad para poder sobrevivir. ¿Es posible una moneda mundial, y una autoridad mundial, sin un aparato coercitivo mundial?. No. ¡Que miedo!

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