domingo, 31 de mayo de 2009

Le Hammond Inferno

     Cuando teníamos alas en los pies, como decía uno de mis amigos, me perdí el gran espectáculo de Le Hammond Inferno pinchando. Holger Beier y Marcus Liesenfeld formaban una de las parejas mas divertidas en la pista y, con este tema tan “sano”, samplearon (no sin que les acarrease problemas) el tema mas cool del grupo mas cool de todo Madchester. Hoy he encontrado en el tubo mágico este viejo vídeo con el An Apple a Day y un señor alucinado…¡Mis pies se escapan!      

viernes, 29 de mayo de 2009

Señoritos


    Nadie comprendía el perfume de la oscura magnolia de tu vientre. Nadie sabía que martirizabas un colibrí de amor entre los dientes.

 

 

    La belleza de este puñado de palabras encadenadas no la cambia el hecho de que los restos de su autor estén sepultados en uno u otro lugar. Independientemente de la ubicación de su tumba, Federico García Lorca era un gran poeta, un ser excepcional, brillante y comprometido con la noble causa de una sociedad justa…pero también era un señorito, y las familias de los señoritos conservaban, en agosto de 1936, el suficiente poder como para recuperar el cadáver de su vástago, fusilado en una cuneta cualquiera, y enterrarlo “como Dios manda” junto a su estirpe…¿O no?

    Por ahora nos vamos a quedar con la gana de comprobarlo. Un Juez de Granada acaba de paralizar el proceso mediante el cual iba a ser abierta la fosa donde yace, supuestamente, el poeta. Los jueces, aunque pensemos lo contrario, tienen ideología; y casi siempre la misma.     

sábado, 23 de mayo de 2009

La semilla inmortal


 Hace mucho tiempo leí un ensayo de Jordi  Balló  y Xavier Pérez titulado  La semilla inmortal. En él, estos catalanes profesores de narrativa, rastrean los motivos argumentales que se repiten tanto en el cine como en los modelos anteriores de la narración (de los cuales desciende). En los 21 capítulos del libro los autores nos explican otros tantos atávicos argumentos, presentes en algunas de las películas más importantes de la historia del cine y, con anterioridad, en los hitos de la literatura universal, o en las  raíces de la narrativa oral.

    A la busca del tesoro: Jasón y los Argonautas

    El retorno al hogar: La Odisea

    La fundación de una nueva patria: La Eneida

    El intruso benefactor: El Mesías

    El intruso destructor: El Maligno

    La venganza: La Orestiada

    La Mártir y el tirano: Antígona

    Lo viejo y lo nuevo: El jardín de los cerezos

    El amor voluble y cambiante: El sueño de una noche de verano

    El amor redentor: La bella y la bestia

    El amor prohibido: Romeo y Julieta

    La mujer adúltera: Madame Bovary

    El seductor infatigable: Don Juan

    La ascensión por el poder: La cenicienta

    El ansia de poder: Macbeth

    El pacto con el demonio: Fausto

    El ser desdoblado: Jekyll y Hyde

    El conocimiento de sí mismo: Edipo

    En el interior del laberinto: El castillo

    La creación de vida artificial: Prometeo y Pigmalión

    El descenso al infierno: Orfeo

 

    Esta misma mañana, al acabar una novela de Ángel Vázquez: Fiesta para una mujer sola (una novela maldita de un autor maldito, dicen en la contraportada), he reconocido la frontera de dos de esos argumentos: El intruso benefactor: El Mesías, y el intruso destructor: el maligno (nótense mis, también atávicos, prejuicios judeo-cristianos en la utilización estratégica de mayúsculas y minúsculas).

     A semejanza de otra historia,  que ya me impactó en su momento ( esta vez cinematográfica: Teorema, de Pier Paolo Pasolini ), el protagonista no solo está desprovisto de cualquier connotación sacra, que transforme la vida del pueblo redimido, como es el caso del intruso benefactor por excelencia: el redentor de las religiones monoteístas, sino que tiene un carácter turbador que trastoca la existencia de burgueses reprimidos, emparentando con los extranjeros seductores que aparecen en la otra categoría, la del intruso destructor. Sin embargo la llegada de ambos seres, carismáticos y atractivos, es benefactora al principio, aunque su desaparición trágica, y/o imprevista, hunda a los que les rodean en la miseria.

    La moraleja de esta especie de reseña doble (si tiene alguna) es precisamente la necesidad de acabar con los dualismos. Estamos avocados al relativismo, que tanto odia cierta  gente. La pretensión de aislar sentimientos y actitudes como puras: el bueno y el malo, el acertado y el equivocado, es cada vez más absurda.

    Frivolicemos un poco. ¡Nada es verdad y nada es mentira. Todo depende del color con que se mira ¡        

sábado, 16 de mayo de 2009

Adios, Señor


    Mi padre, desde su fe, solía decir que el hombre propone y Dios dispone; y los Rolling Stones decían que You can’t always get what you want. Todo ello es cierto, y la prueba es que decíamos ayer (¡Ave Unamuno!) que cerrábamos por vacaciones, y que en la entradilla nº 100 haríamos liquidación; pero al final va a consistir en un obituario…y con una esquela no puede cerrarse nada.

    Ha muerto Carlos Castilla del Pino. El hombre que cambio el curso de mi vida. ¡No, no exagero! Este insigne psiquiatra e intelectual me recibió en su consulta cordobesa hace mucho tiempo. Mi padre (otra vez), que era beato pero no tonto, me recomendó sus servicios cuando le insinúe que los muebles en mi cabeza estaban mal distribuidos.

    Recuerdo un despacho austero y oscuro, impregnado del respeto y el miedo que me provocaba su leyenda, pues en Córdoba todo el mundo sabía el precio que este señor pagaba por la libertad: varios de sus hijos habían muerto en trágicas circunstancias, y nadie se explicaba como el adalid de la salud mental no había sido capaz de trasmitirla a su familia.

    Bastaron cinco minutos para que Don Carlos me remitiera a una amiga psicoanalista, en Madrid, para someterme a tratamiento. Efectivamente descubrió, de un vistazo, mi batiburrillo mental y la necesidad de hacer inventario.

    Desde entonces, mi cabeza se ha convertido, con esfuerzo y tesón, en una agradable estancia donde habitar en este proceloso mundo… ¡que no es poco!

    Adiós, señor. Ilustre académico e ínclito escritor para todos; benefactor para mí. Descanse usted en paz.

viernes, 15 de mayo de 2009

99 y...


    Los otros son el infierno, según Sartre, y el cielo, como sabe cualquier antropólogo que se precie y que créa en la sociabilidad del ser humano. Por eso es absurdo un blog sin comentarios, y esta es la undécima entradilla sin ellos y la noventinueve desde el principio. Un bonito nº para anunciar el cierre (por vacaciones, por supuesto. ¡No digas nunca jamás!). Además este es un año de los que van a tener un largo y cálido verano, como a mi me gustan: con sus maravillosas puestas de sol a la puerta de casa (ver foto), y sus interminables veladas en alguna terracita. En la nº 100 haremos la liquidación.

domingo, 10 de mayo de 2009

Distónico


    La distonía neurovegetativa es una dolencia disfrazada de carácter. Cualquier exposición sobre la enfermedad comienza diciendo que se trata de un cajón de sastre donde los médicos depositan sus diagnósticos imposibles. Puede llegar a producir tal cantidad de alteraciones que, al final, lo único que persiste intacto es la irritabilidad del paciente o, si este no está dispuesto a renunciar a su felicidad, el sambenito que le queda de por vida: como criatura histérica y nerviosa.

    En los años 80, el tristemente famoso síndrome bipolar liberó a muchos pacientes de una incertidumbre perniciosa. Una vez alcanzado el diagnóstico, los enfermos accedían a la posibilidad de mejora y a la tranquilidad de saber que les ocurre; sin embargo eso nunca ha pasado con los distónicos neurovegetativos: estos han permanecido siempre entre los “nerviosos”, colgados exclusivamente de la connotación negativa del término. En una sociedad, neurótica ella misma, se ha rebajado progresivamente el umbral de las expectativas sobre el hombre tranquilo (¡Ave John Ford!); pero para un distónico, la tranquilidad es la salud, sencillamente.

   La distonía neurovegetativa se cura (de ello doy fe), pero nunca a base de fármacos. Es necesaria una terapia que se dirija a los entresijos de la mente; es decir, una terapia que sustituya el carácter (el disfraz de la enfermedad) por vestimentas de calle, aptas para pasear placidamente…Aunque la mejor terapia conocida es gratis, y está al alcance de cualquiera: se llama madurez, y se consigue con la edad y la experiencia. Un buen día te encaras a tu travieso sistema nervioso y le espetas ¡Hasta aquí hemos llegado. A partir de ahora vas a servirme tu a mi, y no al revés!...Buena suerte. 

martes, 5 de mayo de 2009

¡ Pitas, Pitas!


A veces pienso que nosotros no pertenecemos al grupo de los primates, sino al de las aves (y por ende al de los dinosaurios). La última vez que se me ha cruzado la idea ha sido esta mañana, leyendo la página de opinión en El País.

    Por su parte Adela Cortina, en su artículo Economía sin ética, afirma que “Una empresa inteligente…no abandona el mundo de los incentivos, de la búsqueda del beneficio y la viabilidad, sino que trata de lograr su beneficio a través del beneficio compartido”… ¿Gorriones y palomas acudiendo en tromba a las migas que dejan caer los verdaderos usuarios del festín?

    Joan F. Mira, por la suya, dice que…”En el País Valenciano parece que la realidad no cuenta, al lado de la propaganda: La realidad ha perdido todo crédito comparada con la alucinación. Retrocedemos en casi todo, hasta en la ética y la estética, mientras la propaganda afirma que avanzamos ejemplarmente y sin cesar”; en una divertida diatriba (¿o no?) contra los gobernantes de aquella comunidad… ¿Avecillas confundidas por espantapájaros varios?

    Y por supuesto ahí está  el diccionario de sinónimos, donde podemos encontrar Granuja, Astuto, Ladino y Pillo para sustituir a Pajarraco.

    Lo dicho. En lugar de contar con Lucy (aquella ilustre hembra de homínido que vivió en lo que hoy es Etiopía hace unos 3 millones de años) entre nuestros antepasados, vamos a tener que poner a Dino (la mascota de los Picapiedra) en el árbol genealógico. 

domingo, 3 de mayo de 2009

Conversando


    Una buena conversación debe parecerse a esas que han profesionalizado (por llamarlo de alguna manera) la radio y la televisión: las famosas tertulias; pero sin esa patina infame que les confiere el hecho de ser impostadas y remuneradas. Debe ser interesante y respetuosa; divertida y relajante; formativa y sorprendente. No hay necesidad de un moderador, porque el respeto y la observancia simple de las leyes del diálogo (escuchar e intervenir) son suficientes.

    Este fin de semana he disfrutado conversando como no lo hacía tiempo ha. Charlas, con todos los epítetos de arriba, en buena compañía y un entorno peculiar: La bañera de un velero al atardecer. Mientras Prokófiev ilustraba con su sinfonía clásica los embates del viento con las velas, nosotros hablábamos de mar y música. Un verdadero placer.