El segundo capítulo de Treme me confirma lo buena que es la nueva entrega del creador de The Wire. Esta vez, David Simon, se ha ido a Nueva Orleans, solo unos meses después del Katrina, y empapa la trama de música (como no podía ser de otra manera): Músicos de Jazz, DJ’s, Bandas de funerales y estrellas de rock a la caza de talentos anónimos.
Me acuerdo de mi única visita a esa ciudad cumpliendo un ritual que aparece en este segundo capítulo: Nosotros, los visitantes, preguntando por algún sitio donde escuchar buena música de Jazz; a ser posible fuera del French Quarter. Bourbon Street está, efectivamente, llena de turistas paletos (americanos) que persiguen una noche similar a la que podrían disfrutar en Salou (por ejemplo), solo que amenizada por alguna banda de Dixie interpretando When the Saints Go Marching in.
Sin embargo hay, o había, muchos garitos en Nueva Orleans donde se puede escuchar música popular norteamericana de altísima calidad (lo que excluye el country) hecha por vecinos. Eso lo debe de tener claro Elvis Costello, quien parece que no se va a limitar a un cameo en la serie, sino que va a tener un papelito (pequeño, por ahora).
El ambiente general de la producción es tan real, y tan cinematográfico a la vez, como lo era el de las desventuras de policías y otros malvados en las calles de Baltimore; incluso podemos ver a Wendell Pierce y Clarke Peters, convertidos en otros personajes que nada tienen que ver con los cínicos polis de La Escucha, pero igual de cercanos a los miles de habitantes de la ciudad que deberán reconstruir sus vidas después de la gran tormenta.
Seguimos asistiendo, creo yo, al mejor cine del siglo XXI…hecho para la tele.

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