miércoles, 4 de noviembre de 2009

Terror



Me parecía estar viéndolo, disfrutando como un enano (era bajito, si señor) mientras en su rostro se dibujaba aquella expresión entre el sadismo y el pánico incontrolable. ¿Cómo hubiera reaccionado mientras veía como aquella estaca, que acababa de atravesar al actor, estaba a punto de clavársele en el ojo?


Durante toda la proyección de Destino final 4 (en 3 dimensiones) no pude dejar de imaginarme a Sergio sentado, a mi lado, en el cine. Desgraciadamente hubiese sido imposible, porque su vida acabó hace tiempo y, además, lo hizo de una manera digna de sus adoradas películas gore. Acabó suicidándose: lanzándose al vacío desde un noveno piso, en la que supongo fue su borrachera definitiva.

Sergio era una de las personas con más talento que he conocido en mi vida, aunque en inteligencia emocional no estuviese muy puesto y, desde luego, no le diera tiempo a conseguirla con la edad (como hace la mayoría).

Hacia 1979, con las noches de Halloween y los Viernes 13 primigenios recién estrenados, Sergio decoraba su dormitorio con posters gigantes de los monstruos de la universal, y organizaba cenas en su casa para ver “Mis terrores favoritos”, aquel programa de Ibáñez Serrador que era la cátedra del género.

Con todos mis respetos, tengo que decir que algunos guiones exitosos de nuestro cine reciente los había visto ya sobre el escritorio de mi amigo. No estoy hablando de plagio, sino de su capacidad creativa y visionaria. Con matices, ya había imaginado Tesis, y Los Otros (curiosamente dos productos Amenábar) aunque, por aquel entonces el director de Ágora aun no había llegado a la facultad.

En su cartera llevaba, permanentemente, el poema de Lorca que ya ha aparecido en un par de ocasiones en este Blog; aquel que habla de un colibrí de amor entre los dientes. Porque, por amor hubiese dado Sergio cualquier cosa… Hasta la vida, como acabo demostrando. Él, que no era físicamente agraciado, no encajaba en una ciudad y una época para las que las apariencias eran tan importantes. Tardó años en calmar sus afectos con una pareja deliciosa y, poco después, recibió un golpe mortal de aquel azar que tanto gustaba convocar en sus narraciones: el HIV lo volvió a dejar solo…pero infectado. Evidentemente no pudo resistirlo, y dijo lo que cualquier buen protagonista de tan brutal historia: ¡ Adiós, mundo cruel ¡

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