domingo, 8 de marzo de 2009

Pupa


    Odio a Eolo. Él es el culpable de que no pueda distinguir el más mínimo matiz entre el sabor de una fresa y el de un arenque (por ejemplo). Todas mis papilas gustativas están anuladas bajo mis alteradas mucosas. Imposible disfrutar de esta irrupción primaveral que se huele en la calle: mis sentidos abotargados, mi garganta lijosa, y un punto de febrícula para coronar el caos. Una tos seca e insoportable se muestra impotente para arrancar mucosidades adheridas, mientras la hipocondría campa (a sus anchas) por mi cabeza. El irresponsable dios dejó, la semana pasada, abierto el profundo antro donde tiene encadenado a los vientos, provocando en mi organismo una debacle sanitaria.

   

 

1 comentario:

Anónimo dijo...
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