lunes, 16 de febrero de 2009

El Mensajero


Año 2097. En el planeta Tierra los seres humanos se siguen matando unos a otros: colectivamente, en las guerras, o de forma particular (venganzas, crímenes pasionales, homicidios involuntarios…). La naturaleza se sigue mostrando tan impasible como siempre a los intereses y deseos del hombre: nos hiela, nos quema, nos arrastra o nos ahoga con la misma indolencia de toda la vida. El Bosón de Higgs se sigue mostrando esquivo, y continuamos sin poder explicar el origen del universo (ni falta que nos hace). Ya no fallecemos de cáncer, VIH o problemas cardiovasculares; cada vez estamos más cerca de hacerlo de puro
hastío.
Todo eso, afortunadamente, nos da igual. Ya no nos produce stress, angustia o incertidumbre porque, por fin, hemos matado al mensajero y, desde hace décadas, no existen medios de comunicación de masas ni publicidad. Hemos encontrado una forma limpia y barata de movernos, de modo que podemos seguir viajando y, cuando nos toca, nos damos de bruces contra un tifón al otro lado del mundo…pero no nos muestran sus estragos mientras cenamos a 14000 Km. de distancia. De vez en cuando, un amigo nos relata el crimen atroz que se produjo hace unos días en la ciudad: nos indignamos o nos hacemos cruces (o gamusinos) sobre la frente… pero ya no nos deja indiferentes a fuerza de sonarnos banal.
Hoy alguien ha programado, en alguna parte, un concierto de cámara para conmemorar el bicentenario de la muerte de Brahms

1 comentario:

Vencido dijo...

Mientras el hombre siga escuchando a don Johannes, no morirá de puro hastío. O eso pienso yo.

Tengo unos amigos que han creado una especie de Asociación de Brahmsianos. Que yo sepa, no haces misas negras, ni sesiones de espiritismo. Quizá sean peligrosos, al parecer piensan y sienten sin hacer distingos entre ambos conceptos.